viernes, 8 de agosto de 2008

Fauna Aussie

Con todos ustedes aquello que tanto estaban esperando.
A pesar de estas fechas de vacaciones en las que el blog no despierta tanto interés como en los meses de invierno españoles, esperamos que este increible reportaje que tantas horas de desvelo nos ha proporcionado, sea suficiente revulsivo para que todos ustedes recuperen las ansias de seguir conociendo las misteriosas y fascinantes antípodas.

Vuelvan a conectar sus altavoces y prepárense para disfrutar a tope FAUNA AUSSIE.

Un cordial saludo desde ediciones León&Morillo

miércoles, 6 de agosto de 2008

23º26.5´S

y unos 116ºE, es decir, que estamos de nuevo cruzando la línea imaginaria del Trópico de Capricornio, esta vez por la costa oeste de Australia, camino a Coral Bay y Ningaloo Reef, el arrecife de coral más grande de esta costa, donde al parecer se pueden ver tiburones ballena y enormes mantas raya.
Yo llevo varios días preocupada porque no vemos canguros. Pero ni uno. Y eso que todo el mundo nos había prevenido del peligro que suponen al conducir al atardecer, que si se cruzan por la carretera, bla, bla, bla… Ni uno en 10 días de viaje. ¿Dónde os metéis, bonitos?
Estos dos últimos días hemos estado acampadas en medio de la nada, disfrutando por fin de un poco de calorcillo y del único sonido del piar de los pájaros (bueno, interrumpido de cuando en cuando por el motor de la nevera que mantenía las cervezas fresquitas), rodeadas de tierra roja, matojillos verdes y un inmenso cielo azul, sin nubes, que por las noches nos dejaba sentir la penetrante mirada de todas las estrellas mientras asábamos un poco de carne en la hoguera.
El camino de arena roja delata todas las huellas, de modo que me fui a dar un largo paseo hacia ninguna parte y ver qué clase de animales pisaban por allí. Y por fin encontré la evidencia que buscaba: ¡huellas de canguros! aunque bastante antiguas, al menos demostraban que sí había. Así que me volví al campamento un poco más contenta, eso sí, sin despegar los ojos del camino porque, a pesar de que es invierno nuca se sabe si aquí habrá alguna serpiente que decida no invernar y acechar a incautas caminantes oculta entre las hierbas…
Mientras escribo estas líneas acaba de aparecer la segunda e irrefutable evidencia de que sí hay canguros por aquí, lástima que sea en forma de dos cadáveres recientes en la carretera. A ver si hay suerte y pronto los vemos brincando…

domingo, 3 de agosto de 2008

Delfines

Un emu nos visita al atardecer en nuestro campamento, no sabemos si para curiosear o más bien atraída por el olorcillo de la sepia a la plancha. Aparece de pronto en la llanura y se va acercando disimuladamente, picoteando en el suelo de vez en cuando como quien no quiere la cosa, pero estirando bien ese cuello largo y abriendo mucho las pestañas para no perder ni ripio de lo que hacían dos extrañas en su casa. Al cabo de un rato se cansa y se vuelve corriendo como una loca hacia donde estaba su pareja.

Al día siguiente llegamos a Monkey Mia, el caravan park donde nos recibe “miss simpatía” está atiborrado; nos cuesta tomar la decisión de quedarnos después de haber pasado las últimas noches a la luz de la fogata en la intimidad de la luna nueva. Pero definitivamente necesitamos una ducha y una lavadora, elementos comúnmente infravalorados en la civilización pero que producen gran alegría cuando llevas sin verlos una semana. El sitio se redimió inmediatamente cuando por la mañana fuimos a la playa y nos encontramos a un grupo de delfines jugando a escasos metros de la orilla. Un rato más tarde incluso conseguimos darles un pescadito en la boca y nos fuimos tan contentas.

Coral Coast y Monkey Mia

jueves, 31 de julio de 2008

De nuevo en el outback.

Aquí estamos otra vez, con la furgo recorriendo la costa oeste.
Ahora mismo escribo frente al fuego de campamento, cansada después del día de hoy. Susana echa algunos troncos más para avivar la llama; alrededor, los eucaliptos y por encima, el negro más negro intercalado de estrellas. De cuando en cuando un road train pasa escandalosamente por la carretera con su feria de luces rojas como estela. Es el único ruido que perturba el crepitar de la hoguera. Estamos a muchos kilómetros de la ciudad más cercana.
Hemos estrenado nuestra nueva parrilla con un “sirloin steak”, riquísimo!! que hemos cenado acompañado de patatas asadas en las brasas; un poquito de vino…mmm, qué rico todo.
Susa lee a la luz de su linterna frontal mientras yo escribo. Me parece un lujo fuera de lugar esto de teclear en el portátil, a la luz de las llamas, en medio del outback australiano, pero es que nos hemos comprado un cargador para el portátil que se enchufa al mechero del coche y es mágico. ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes, (con lo listas que somos)??-
Gozamos de un poco de tranquillidad después del agitado día.
Esta mañana amanecimos bien temprano en una playa (más bien diría un pestilente amasijo de algas marrones de más de un metro de espesor) de Geraldton, la última ciudad digna de tal nombre en el resto del viaje, y antes de las 8:00 ya estábamos en camino, desayunadas y todo, hacia Kalbarri- Por el camino hemos parado para disfrutar de las enormes dunas y de los acantilados rojizos que bate el Índico furioso. Muy bonito, aunque ya empieza a fastidiar tanta parejita de jubilados con su caravana a cuestas… ¿qué pasa, que no tienen otro entretenimiento los jubilados de este país? Y dicen que esto es tranquilo…pfff!!! No hay forma de darles esquinazo, aparecen en cualquier rincón...

Kalbarri debe de ser una de las mecas de los jubilados de la caravana que se entretienen dando la vuelta a Australia, porque hay varios caravan Parks plagados de ellos. Aunque es un sitio bonito, una bahía natural resguardada detrás de las playas y dunas de arena blanquísima, pierde todo su encanto (al menos para nosotras) por la multitud de casitas rodantes que atiborran los campings. Decidimos seguir hasta encontrar un lugar más solitario donde acampar. Y vaya si lo encontramos: a menos de dos horas de carretera nos adentramos en un bosque de eucaliptos, algunas huellas de coches nos indican que no hay problema para entrar por los caminos con nuestra campervan… chan chan chan… pero nadie contaba con que lleva varios días sin parar de llover… y de pronto la sutil capa de arena cede a la subyacente de arcilla húmeda… y hasta ahí llegó nuestra campervan!. ¡Oh, no! ¡otra vez empantanadas! Menos mal que aún faltaban dos horas para el anochecer y que la carretera no estaba lejos en caso de emergencia. Manos a la obra, tardamos un buen rato en sacar la camper del atolladero, pero es que ya vamos siendo expertas en estas lides y además no faltaba material en los alrededores: hemos pelado cien metros a la redonda de vegetación para hacer un camino de ramas y hemos escarbado la arena de debajo de de las ruedas con las manos, pero al final hemos conseguido salir del apuro. La próxima camper que nos la den equipadita con palas y rejillas, por favor.

Costa Oeste

sábado, 26 de julio de 2008

Las Chonis nos acosan

Cuando alguien te dice que se va de viaje a Australia y Nueva Zelanda durante seis meses suena a exótico, a lejano, a nada que ver con lo que estamos acostumbrados en Europa y, por supuesto, en España.


No sé lo que os podéis imaginar vosotros, pero a mí me sonaba a canguros, koalas, playas inacabables, desierto, surferos, ciudades modernas… un sin fin de cosas muy distintas a las nuestras haciendo honor a la lejanía que nos separa, no en vano son nuestras antípodas.

De la gente no sabemos mucho, pero, al menos en mi caso, nos la imaginamos relajada, campechana, deportista, con cuerpos atléticos moldeados por el surf y perfectamente bronceados, y si curioseas un poco te enteras de que los australianos se parecen, en algunos aspectos, a los americanos, sobre todo y desgraciadamente, doy fé de que en lo que al aspecto culinario se refiere tienen más semejanzas de que las que fueran deseables.

Hasta aquí nuestras impresiones en el viaje son más o menos acordes a lo imaginado, pero nuestra primera sorpresa fue cuando llegamos a Perth, la ciudad más aislada del mundo. Conduciendo por la autopista que une la ciudad con las zonas residenciales Elisa advirtió que había un cartel de IKEA, sí sí sí, hay un IKEA al otro lado de nuestro mundo. Bueno, conociendo a esta empresa sueca podemos conceder que haya llegado incluso hasta aquí, hasta la urbe más solitaria que existe.


Por supuesto que fuimos a investigar qué se cocía en un IKEA para nosotras tan peculiar. Pues nada chicos, no os penséis que difiere mucho de los nuestros, del de San Sebastián de los Reyes, o del de Majadahonda. Ah, se me olvidaba que hay otro en Vallecas. Eso Vallecas, en este punto es donde ya todos nuestros esquemas se nos vienen abajo. Cuando al estar eligiendo el aroma de la vela que queríamos para nuestros campamentos nocturnos de repente oímos hablar en nuestro idioma natal, en castellano. Será alguna chilena, que haberlas, haylas. Qué no, qué no, que son españolas, españolísimas, vamos que parece que estamos en el IKEA de Vallecas. ¿Pues no iban diciendo tres rechonchas renegridas, con aspecto gitanucio que si La Paqui, que si La Mari, que si ya las dan el alta del hospital, que si no me come na?…¿ Os imagináis? no dábamos crédito. Os juro por lo más sagrado que eran un cromo.

No sé cómo detallaros más su aspecto, creo que basta decir que eran tal cual, cómo sacadas del barrio de Entrevías, teñidas de una especie de color rubio y con 10 cms de raíces negras tal y como bajarían a comprar el pan al DÍA del barrio.


Y ayer en un puesto de información turística en Kalbarri, allí donde Cristo perdió el mechero, se nos acerca otra rechoncha, también renegrida y nos obsequia con su opinión acerca de la playa de Monkey Mía : “amos a mí m´ha gustao” “lagggg cosas como son” y también nos obsequia con otras lindezas del tipo “se puede parar donde paran los camionistas” y por supuesto no paraba de repetir la popular expresión de “mola mogollón”… y de ahí no la sacabas. Al preguntarle qué tiempo habían tenido también nos contestó solícita y presta: “hombre, contra más arriba más calor”.

Al menos nos quedó claro.

Y nosotras que pensábamos que éramos únicas en lanzarnos a conocer este país tan sumamente lejano…


Sacad vuestras propias conclusiones.

miércoles, 23 de julio de 2008

Perth

Ayer llegamos a Perth, la ciudad más alejada de la civilización, la más remota que existe. 6 horas en avión desde Brisbane. Al este y al norte, miles de kilómetros de desierto. Al oeste y al sur, miles de kilómetros de océano Índico.
En los folletos turísticos recomiendan con total naturalidad lugares que están en un radio de 500 km., eso sí, te advierten de que no te confíes con el tamaño del mapa, porque algunos otros están a más de 2.000 y hará falta madrugar un poquito y hacer un bocata más grande para llegar hasta allí…
Con una superficie de más de dos millones y medio de km. cuadrados (suficientes para meter holgadamente 5 Españas y olé) la población es de apenas 2 millones (sin contar los canguros ni las ovejas, claro), de los cuales el 75% viven en la capital. Eso es un decir, claro, porque capital, capital, lo que se dice capital… esto es más bien un desparrame de casitas unifamiliares y parques de primoroso césped que se extiende sin fin en torno a unos cuantos rascacielos alineados entre el río y unas pocas calles rectas y desabridas que llaman centro.
Así a primera vista Perth no nos ha parecido muy atractiva, la verdad. Ordenadita sí, y amplia. Muy amplia. Entras al centro financiero sin darte cuenta, sin transición desde los parques enormes, estabas en el aeropuerto y de pronto ¡zas! ya estás entre rascacielos y cuidadito porque en un santiamén te presentas de nuevo al otro lado del río rodeada de atléticos deportistas haciendo ejercicio en el parque. A pesar de ser un martes en hora punta había tan poco tráfico que parecía domingo a la hora de la siesta.

Es cuando llegas a Kings Park, el precioso jardín botánico de la ciudad que domina el recodo del impresionante río cuajado de veleros, cuando este cascarón vacío de fachadas asépticas, tipo decorado de película, donde no hablas muy alto y pisas con cuidado por si los cristales de las fachadas hacen eco, de pronto se vuelve princesa y brilla en todo su esplendor: la vista es magnífica, un impresionante contraste entre la paz del río y los parques y la frialdad de los espejos.

Tras una rápida exploración decidimos que la urbe no está hecha para nosotras y tomamos rumbo a la playa de Sorrento. Aquí nos quedaremos el resto de la semana reposando sosegadamente frente a la chimenea y tomando fuerzas para la siguiente etapa del viaje.

Acuario Perth

Fascículo atrasado - Isla Norte NZ

Espero sepan perdonar la tardanza en el capítulo de la Isla Norte de Nueva Zelanda, pero las condiciones tecnológicas de la temporada no han permitido emitir con mayor rapidez.

Conecten los altavoces y disfrútenlo al máximo.